Vamos a remontarnos varios años atrás a esa época en la que los asentamientos humanos no eran tan grandes. Esa época en la que las comunidades aún estaban pobladas y las casas que hoy vemos en ruinas tenían habitantes.
La mayoría de las casas fueron construidas estratégicamente cerca de un ojo de agua para satisfacer sus necesidades básicas. En algunos casos el ojo de agua era para una sola familia. En otros, el ojo de agua era compartido por varias familias. A pesar de que se tenía el acceso al vital líquido, no se tenía la tecnología para abrir una llave y tener el agua en casa, por lo que era necesario ir por ella ya fuera en cántaros, cubetas de lámina o incluso varios galones cargados en el burro.
Podemos ver las comunidades no uno sino varios pozos de los cuales se extraía agua y era suficiente para los habitantes de la comunidad. Algunos de los pozos tenían más producción de agua que otros y es muy probable que durante los meses secos, éstos fueran el principal recurso.
El agua de los pozos era principalmente para beber, cocinar o lavar las vasijas. Para lavar la ropa, se aprovechaba el agua corriente de los arroyos (los arroyos tenían agua todo o casi todo el año) o el agua de los tanques cercanos a los pozos. Para tomar un baño, se podía hacer en el arroyo, en el tanque o en la comodidad del hogar con agua acarreada del pozo o tanque, si se deseaba contar con mayor privacidad.
Cuando las poblaciones empezaron a crecer y a concentrar los servicios, las comunidades poco a poco se fueron quedando solas. Algunos de los jóvenes migraron a otros lados, los viejos se fueron muriendo y los no tan viejos se volvieron viejos de modo que la edad les impidió continuar en su comunidad y se mudaron a las regiones donde los servicios estuvieran más accesibles. Otros, en busca de una mejora, como lo es el acceso a la educación, optaron por dejar su casa y mudarse a un lugar más cercano a las escuelas.
Lo anterior ocasionó una acumulación de gente en lugar, que no podríamos llamar pequeño, pero si con los recursos insuficientes. Uno de los principales recursos que no era suficiente para cubrir las necesidades de la población era agua. Como se hizo mención unos párrafos arriba, en las comunidades el agua era suficiente para cubrir las necesidades de la población porque la población era pequeña, pero al aumentar la cantidad de personas, el agua fue insuficiente.
En la región, la población de las comunidades poco a poco se fue concentrando en Tlachichila, lo que ocasionó que sus fuentes de agua fueran insuficientes, llegando al caso de tener que poner el nixtamal con el agua estancada del tecongo. Si no había agua ni para cocinar, pues es lógico que otros aspectos menos necesarios pasaban a un segundo término como era el caso de la higiene. Bañarse se convirtió en lujo que podían darse los sábados para estar presentables el domingo.
Para poder obtener agua era necesario viajar grandes distancias con cuatro galones en el burro o con los recipientes que se tuvieran. El agua que alguna vez fue tan accesible en las comunidades se quedó en ellas, a una distancia considerablemente grande como para ir por ella. Los pozos de comunidades cercanas se convirtieron en el sustento de la población y cuando no había remedio se tenía que viajar varios kilómetros por una carga de agua.
La construcción de presas, como la del ranchito permitió que se pudieran tener más pozos e incluso lavaderos comunitarios cerca de los llamados filtros. Otra de las presas que ayudó en la misma manera fue la presa de Las Amarillas, que permitió obtener agua de unos pozos que se ubicaban a unos cien metros de la compuerta. A pesar de que el agua estaba filtrada por las piedras y la tierra, tenía un color similar a el agua de naranja. En Tlachichila, el pozo santo el pozo más famoso es el que aún se conoce como el pozo santo, que durante mucho tiempo de dio de beber a la población. Otro de los pozos que fue en su momento muy visitado se encuentra en el rio de abajo, es conocido como el cardito.
Años más tarde la perforación del primer pozo profundo permitió tener agua con solo abrir la llave, y este fue en la comunidad de Sombreretillo, aunque fue conocido como el pozo del río de arriba. Siguieron otras perforaciones que han permitido que Tlachichila y las comunidades tengan agua potable hoy en día. Los recursos naturales son limitados y cada que se seca un pozo en necesario encontrar un nuevo.
Esta es solo una parte de la historia que se vivió por la escasez de agua en la región. Esperemos que no se nos olviden esos acontecimientos y le demos el valor y eso correcto al agua. y a ti, ¿A dónde te mandaron al agua?
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