La presa de Raúl, hoy conocida como presa de las Amarillas, fue construida en 1982. Su primer nombre se debe a que fue Raúl Olmos quien la construyó. Al pasar de propietario, se empezó a nombrar presa de Las Amarillas. Si tienes varios años fuera de la región, probablemente aún la recuerdes como la presa de Raúl.
La presa se ubica a unos 1.7 kilómetros de la presa de don Chemita por el arroyo hacia arriba. Tiene una cortina de unos 160 metros, una profundidad máxima de 6 metros y cuando se llena a su capacidad máxima, el agua cubre una superficie de cerca de dos hectáreas. Al igual que la presa de don Chemita tiene una compuerta que se tapa con tablones. Una de las cosas que recuerdo es que se necesitaba tapar dos veces en el mes de agosto debido a que la gente maldosa la abría para que se llenara la otra presa ya mencionada. Esto ocurrió por algunos años hasta que se colocó una puerta de metal con candado para evitar la entrada a la compuerta. De hecho, la presa se construyó con dos compuertas, una abajo y una arriba para regular más fácil la cantidad de agua, pero años después la compuerta de arriba se tapó con una pared de concreto. Por encima de esta compuerta escurre el agua cuando la presa llega a su capacidad máxima.
La presa fue financiada por Raúl Olmos y las personas de las comunidades de Las Amarillas y La Laguna contribuyeron con trabajo para su construcción. Funcionaba bajo el mismo esquema que la otra presa, se destapaba cerca del inicio de la temporada de lluvias para que las crecieran se llevaran parte del lodo acumulado y se tapaba a mediados del mes de agosto. Recordemos que, por alguna razón, antes los años eran más llovedores y se alcanzaba a llenar perfectamente con el agua que corría por el arroyo en el resto del temporal de lluvias. Para disminuir la frecuencia de abrirla y taparla, se construyeron unos bordos internos para que la tierra que baja con las crecientes no distribuya por todo el espacio actualmente dura años sin abrirse. Tal vez porque hay menos población arroyo arriba o por que el agua nueva empuja al agua vieja, el agua rara vez adquiere un color verdoso y se puede ver en las vistas satelitales.
Para destaparla con la ayuda de unas pocas personas adultas se podía hacer, pero para taparla podría decir que se hacía casi una fiesta. Bajaban los señores de las comunidades cercanas con su mandil de cuero a realizar una represa para detener la corriente mientras se colocaban los primeros tablones. Los niños éramos los encargados de mezclar la caca de vaca con el cebo y la cal. Nos quedaban las manos amarillas y resecas por unos días. Los adultos se encargaban de colocar las camas y los tablones hasta cubrir la compuerta completa y al final teníamos una gran comida, pues algunas personas contribuían con un caso de carnitas, otros con refrescos, otros con una caja de pan y con lo que podían aportar. Al terminar el día quedábamos muy satisfechos pues la mayoría era comida que no podíamos comer seguido.
A unos 100 metros arroyo abajo había unos pozos alimentados por el agua de la presa. A diferencia de los filtros (los pozos de la presa de don Chemita), el agua no era tan clara, pues tenía un color anaranjadito, pero eso no impedía que la gente se acercara con sus cubetas y sus burros para llevar agua a sus casas. Acudíamos principalmente los del rancho, pero en tiempos duros de sequía, la gente de Tlachichila también llevaba sus cargas. El agua de los pozos también se usaba para lavar, los lavaderos eran las piedras del arroyo en las cuales las mujeres tallaban sus ropas.
¿Te tocó ir al agua a éstos pozos?
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