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Agustín Saldivar Esparza

Maestro en Ciencias Físicas. Master en inteligencia artificial.

Tlachis, Plaza y Pan.

Existe un placer especial que llevamos guardado en la memoria del paladar y es lo que nos hace recordar con agrado los días felices de nuestra infancia.

Son esos sabores de los primeros alimentos que probamos cuando fuimos niños. Los sabores de lo que comíamos en la infancia y que se quedaron guardados en la memoria del paladar. Y volver a disfrutarlos es revivir nuestros mejores días cuando ocurrieron por primera vez todas las cosas en nuestro mundo infantil.

Recuerdos de un sabor que al comerlo nuevamente nos hace revivir aquello que relacionamos con los momentos que nos hicieron sentir satisfechos y contentos con nuestro mundo.

Y después, ya de adultos, volvemos a comer esos alimentos porque su sabor nos sigue pareciendo el mejor, aunque para otras personas no sea así.

Quizás a todos nos ocurrió que los alimentos familiares preparados en nuestra casa, o en la casa de las abuelas, sean los que dejaron su sabor especial en nuestro paladar.

Pero también hubo alimentos que comimos fuera de la casa y siempre nos han parecido de lo mejor. Entre ellos sobresale el pan con soda allá en la plaza de Tlachichila, especialmente el domingo después de misa de doce.

Para los niños de los ranchos ese día era emocionante porque era su paseo del domingo. Temprano, su mamá les daba un almuerzo ligero. Su papá preparaba la carga del frijol, o de otras semillas, para vender en la tienda del pueblo. Luego, saliendo el sol, se iban rumbo al pueblo caminando atrás del burro con su carga.

Había familias que no llevaban nada para vender. Otras sí aprovechaban la vuelta para ofrecer quesos, huevos, algunos pollos o lo que podían tratar y así tener con qué comprar su mandado de la casa, o algunas cosas que hacían falta allá en su rancho.

Primero hacían sus pendientes de compra y venta en las tiendas del pueblo y luego se alistaban para ir al templo a la misa de doce. La mayoría de las familias eran fieles a la religión cristiana.

Después de la misa la panadería registraba su mayor venta. La mamá salía de ahí con un envoltorio grande de papel de estraza y se reunía con su familia que la esperaba en una banca de la plaza. Abría el envoltorio de papel y los niños tomaban su pieza de pan para comerlo con gusto y disfrutarlo acompañado con una soda que les compraba su papá.

Aquel sabor del pan combinado con un trago de soda era el mejor sabor que nunca antes habían sentido en su boca. Primero una pieza y luego otra para sentir el azúcar granulado desbaratarse en el paladar. Aquella pasta de harina compacta en la boca y la humedad de la soda en botella de vidrio con sabor de cola o de sabor a naranja eran una delicia. Y hacían que los domingos tuvieran un sabor inolvidable. 

Y ciertamente, cuando somos adultos y nuevamente probamos algún alimento especial, no es su sabor actual lo que estamos gustando, son los recuerdos de nosotros mismos cuando fuimos gratamente impresionados por ese sabor en los momentos agradables que vivimos de niños y que aún permanecen guardados en nuestro paladar. Por lo tanto, lo que volvemos a saborear no es el alimento en sí, son los recuerdos agradables de nosotros mismos cuando éramos felices. Son esos recuerdos agradables que se guardaron en alguna parte de nuestra boca o del paladar.

Autor: Gabriel Vargas.

Lista del Correo

Es normal que exista la necesidad de saber cómo la estará pasando un familiar ausente, o tener el apuro de avisarle alguna noticia. Comunicarse con los familiares ausentes, hoy en día, es algo fácil y rápido.

Pero imaginemos esa necesidad setenta años atrás (1950) y pensemos en cómo le hacían los habitantes de Tlachichila para comunicar lo que querían decirle a su familiar ausente. Al que tuvo que salirse del pueblo para mejorar su nivel de vida y radicar en otro estado, o bien al que se fue al norte (como se decía antes).

En aquellos años no existían los celulares, los e-mails, los whatsapp, ni las llamadas de larga distancia. Nada de eso había, únicamente se contaba con la CARTA escrita con el puño y la letra de los familiares que querían estar comunicados.

Las buenas y las malas noticias viajaban en papel, eran palabras escritas con tinta o con lápiz. Noticias que se iban de un lado para el otro llevando la comunicación, los sentimientos, deseos y esperanzas, las penas y las emociones de las personas que vivieron aquí en Tlachichila en aquellos tiempos.

 El servicio postal lo ofrecía Don Rodolfo Esparza, en su tienda La Moderna. Allí acudía la gente para mandar y recibir sus cartas, también para comprar la hoja del papel, el sobre de carta y los timbres postales.

El correo llegaba una o dos veces por semana en el camioncito que venía de Teocaltiche. El chofer entregaba personalmente la valija, o saco de lona color café muy bien cerrado, con una correa especial y un sello de seguridad, que contenía la correspondencia. La valija era tratada como paquetería oficial y sólo el personal autorizado podía manejarla. Quienes debían firmar por la valija recibida y por la otra que entregaban. Así, unas cartas llegaban y otras se iban.

En su ancho mostrador de madera, Don Rodolfo vaciaba la valija que llegó, les estampaba el sello de recibido a cada sobre y luego los ponía en un casillero. Las cartas quedaban ordenadas según por el apellido de los destinatarios.

Después, en una hoja de papel anotaba a todas las personas que les llegaba su carta. De esta manera hacia la Lista del Correo donde aparecían escritos el nombre y el apellido de quienes tenían carta en esa fecha.

La Lista del Correo era el medio que unía a los habitantes de Tlachichila con el resto del país y USA.

Don Rodolfo mandaba fijar la Lista del Correo en la fachada de su tienda, al lado de una puerta, para que todo el pueblo pudiera revisarla. Era la novedad del día y las personas se agrupaban para checar los nombres ahí exhibidos. Había quienes lo hacían para encontrarse a sí mismos, otros para informar a la persona enlistada, y otros más por simple curiosidad, o para divulgar un chisme de pueblo. 

Las personas del pueblo y de las rancherías cercanas iban a la tienda, o mandaban a alguien, para revisar la Lista del Correo. Si tenían carta debían entrar hasta el mostrador para recogerla. Ya que sólo se le entregaba al “dueño”. Don Rodolfo conocía a todo mundo, aunque vivieran en alguna ranchería. La entrega tenía que ser personalmente porque a veces el sobre traía dinero.    

Los sobres tenían los datos del Remitente y del Destinatario. Aún no existían direcciones ni números en las casas, por eso todos decían “domicilio conocido”.

Esa Lista del Correo era muy importante: calmaba la espera y daba tranquilidad a la gente. Era motivo de alegría personal por la emoción de sentir que una carta los acercaba con el familiar ausente. O en ocasiones ayudaba a mitigar la inquietud por saber de una noticia especial. También era el alivio para alguna necesidad económica, porque ahí en La Moderna les entregaban una carta “registrada” con dinero, y si traía dólares ahí mismo los cambiaban.

En aquellos tiempos había pocos habitantes que supieran leer y escribir. Y eran más los que no sabían escribir, ellos acudían con las personas que sí podían escribir para solicitarles su ayuda a la hora de hacer una carta. Así, unos decían las palabras que necesitaban comunicar y otros las escribían para mandar aquel decir. Y cuando recibían carta volvían con esa gente para que les leyeran las palabras que su familiar les contestó.

Una de las personas que ayudaba con esa actividad fue Don Andrés García, quien vivía al otro lado del arroyo colorado, por la salida del pueblo que va rumbo a Nochistlán. Su casa estaba junto al camino real por el lado de la Hacienda donde ahora está la secundaria. Gentes del pueblo acudían con él para que les escribiera cartas y para que se las leyera. También, algunas personas acostumbraban reunirse en esa casa para oír la lectura de pasajes de la biblia. A Don Andrés, la iglesia le permitía tener ése libro especial. También tenía otros libros y hojas de periódicos para leérselos a la gente.

Más o menos, como en 1935 los niños de Tlachichila empezaron a tener la oportunidad de aprender a leer y escribir oficialmente en la escuela rural del pueblo. Ya antes, durante los años 1930-1935 las maestras Mercedes Angulo y Maclovia Herrera habían hecho labor alfabetizadora con pocos niños y adultos en los salones de la parroquia.

La construcción de la primera escuela primaria se inició en 1933. Y formalmente, quienes iniciaron la acción educativa fueron los profesores Marcos Tachiquin y Leandro Legaspi.

En la escuela, a Los estudiantes de quinto año se les enseñaba el “cómo escribir una carta”, y cómo anotar los datos correctos del Remitente y el Destinatario.

En 1979 se instaló la primera línea de teléfono. Después llegaron las llamadas de larga distancia con el servicio de mensajería. Y la Lista del Correo seguía dando servicio.

En las fiestas del pueblo, en septiembre de 1986, se vio funcionando el primer teléfono celular, traído por un familiar llegado de California.

En 1990 los teléfonos celulares ya eran más comunes en Zacatecas. Y la Lista del Correo seguía dando servicio.

 Un estudio poblacional realizado en el año de 1991, señala que habitaban en Tlachichila 2000 personas, y que de ellas había 150 mayores de 15 años sin saber leer y escribir. Y la Lista del Correo seguía dando servicio.

Por lo tanto, hace treinta años, en Tlachichila aún había personas que necesitaban ayuda para escribir una carta. No sabemos cuántas personas en esa misma condición habría en las comunidades cercanas. Pero la Lista del Correo seguía dando servicio.

El servicio postal en la tienda La Moderna se suspendió y comenzamos a ver que otra buena costumbre de Tlachichila, también se tiraba al olvido. La gente dejó de usar la Lista del Correo. Se terminó el fascinante hilo de letras que los unía con sus familiares ausentes.

Al día de hoy, el servicio postal que daba Don Rodolfo Esparza se ofrece en una oficina cerca de la Delegación. Y la Lista del Correo dejo de aparecer.

Ahora, los habitantes de Tlachichila prefieren los medios de comunicación modernos para decir sus cosas, los usan cuando necesitan hablar y comentar con sus familiares ausentes. Y la tradicional Carta se usa cada vez menos. 

Autor: Gabriel Vargas.

Junio del 2021.

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Pizcador

Recuerdo la imagen de éste objeto tan especial y vienen a mi mente situaciones relevantes para mi persona. Hablaré del Pizcador de maíz y de cómo, este pequeño objeto, estuvo especialmente relacionado al proceso de la siembra y la cosecha del maíz aquí en mi tierra colorada.

Se trata de una herramienta de metal. Era cóncava, con sus bordes y la punta afilados, y con un mango corto, menos ancho que la parte cóncava. (como si fuera una cuchara con la punta y sus bordes afilados). Tenía el tamaño justo para caber en la palma de la mano de quien lo usaría. Y los había de varios tamaños a según la mano y comodidad de su dueño.

En el mango tenía dos orificios para insertar en ellos una correa de cuero que servía como dedal. El usuario, o Pizcador, metía uno o dos dedos al dedal y así la parte metálica permanecía en la palma de su mano, aunque se abriera el puño, mientras iba realizando la pizca.

El cultivo del maíz fue la actividad principal de la agricultura tradicional en las comunidades rurales y también en la mía. Sembrar y cosechar maíz fueron tareas indispensables para la alimentación de los habitantes de mi pueblo.    

Me parece muy significativo que, para el comienzo del cultivo y su recolecta final, en su palma de la mano del agricultor, cupieran los objetos necesarios para la siembra y la cosecha de su alimento y el de su familia. Y claro, que aparte del noble maíz, con sus manos y su trabajo, el agricultor también cultivaba otros productos.

Así, la mano del hombre que sembraba los granos de maíz en los surcos de su labor, era la misma mano que luego cuidaría sus milpas, quitaba las yerbas que estorbaban a su crecimiento y las protegía de las plagas. Luego, cuando brotaban sus elotes los cortaba para consumirlos como primera cosecha. Y después, cuando la milpa ya había madurado su fruto en forma de mazorca, la misma mano, con ésta pequeña herramienta en el hueco de su palma, rasgaba las hojas para sacar la pieza de maíz y depositarla en un canasto de carrizo. Y así, caminando por los surcos, el hombre cosechaba su maíz hasta llenar de mazorcas la canasta pizcadora que cargaba en la espalda.

Aprendí que, con éstas acciones del ciclo agrícola, los hombres del campo cultivaban el principal ingrediente de sus alimentos a base del maíz: Tortillas, Atole, Pinole, Tacazotas, Pozole, Tostadas, Tamales. Chilaquiles, Enchiladas, Gorditas rellenas de guisado y los Tacos de todo.

Y allá en la labor, entre los surcos, las milpas se quedaban de pie con sus capullos de hojas blancas abiertos, como orgullosas flores maduras que habían cumplido su generosa función de alimentar al hombre que, ocho meses antes, había sembrado el grano de maíz.     

Recuerdo que el ciclo agrícola del maíz se iniciaba con la preparación del barbecho antes de que llegaran las aguas. Primero era el volteo de la tierra seca y polvorienta con el arado y la yunta de bueyes. Después, cuando llovía se hacia la siembra. Participaban dos personas. Una era el arador quien dirigía la yunta, y otra el sembrador que arrojaba las semillas de maíz, frijol y calabaza en los surcos que el arado iba abriendo. Era como un ritual de gratitud que los hombres del campo hacían cada año, para celebrar su vínculo con la tierra colorada y fértil.

El sembrador caminando atrás de la yunta, sintiendo en sus pies a la tierra tibia que se abría dócilmente y oliendo su humedad al recibir y guardar las semillas sembradas. El arador siempre adelante, con la mano firme en la mancera del arado y guiando a la yunta de bueyes que iban uncidos al yugo por medio de la coyunda de cuero, yunta que a paso lento arrastraban al arado y al timón sujetado al yugo con el barzón y una cuña de madera llamada tarugo.  

Durante el ciclo agrícola del maíz se requerían otros utensilios para realizar las diferentes actividades relacionadas entre sí. Se trataba de herramientas de metal: la Reja (punta de fierro para abrir los surcos y que se ajusta al arado de madera); La Puya y la Coa (objetos de fierro ajustados uno en cada extremo del otate usado por el arador para dirigir a los bueyes); El Azadón (herramienta metálica con mango de madera largo para escarbar la tierra y cortar la yerba); La Hoz o Rozadera (curvada como media luna y un mango corto. Dentada como sierra para segar la yerba o el forraje).

Estos objetos metálicos se fraguaban, o elaboraban, en la fragua del Herrero del pueblo. Era un amplio taller equipado con yunques, tornillos de banco, tenazas metálicas, marros, martillos, limas y seguetas, carbón y un enorme fuelle de cuero para avivar el fuego donde se fundían y soldaban los metales. Estaba en el centro de mi pueblo, cerca del templo y de la plaza principal. A ésta fragua acudían los agricultores del pueblo, y también los agricultores de las rancherías de la región, venían porque ahí conseguían sus utensilios de labranza. Todos ellos compraban el pizcador de maíz y mandaban hacer los herrajes que necesitaban.

Dicha fragua era la de Don Tacho Vargas, el Herrero que, con sus habilidades y su ingenio supo abastecer las herramientas de labranza para el cultivo de las tierras propiedad de las haciendas que dieron origen a mi pueblo.

Don Tacho Vargas también elaboraba Palas, Picos, Barretas, Talachos, Herraduras para los caballos y animales de carga, Aldabas, Llaves para las puertas y Estacas para sujetar a los burros cuando pastaban, entre otros utensilios más.

Este hombre, con sus trabajos de herrería contribuyó para que la agricultura tradicional y los cultivos de mi tierra colorada, se hicieran con las herramientas adecuadas. Ayudó a los hombres del campo de mi pueblo para que tuvieran mejores cosechas, principalmente del maíz y el frijol. Don Tacho Vargas fue de los primeros habitantes de mi pueblo. Su aportación fue valiosa para los vecinos del lugar. Y también cooperó materialmente con la comunidad para establecer las bases de lo que hoy conocemos como Tlachichila.

Marzo 2021.

Autor: Gabriel Vargas.

Boda en 1957

En la fotografía podemos ver a unos novios después de salir del templo. Según los datos de la fotografía, la boda se realizó en 1957. La imagen fue coloreada con inteligencia artificial y programas de edición de imagen y filtros fotográficos.

La imagen nos nuestra un Tlachichila con calles empedradas, casas de adobe, cimientos de piedra y canales de madera. También podemos ver que donde esta la casa parroquial había una construcción muy diferente.

Con respecto a la vestimenta de las personas, los novios muy elegantes como es de esperarse en toda boda. Destacan los sombreros grandes en los hombres, pantalones tipo de pechera en los niños y reboso en las mujeres.

En la imagen anterior puedes ver la comparación entre la imagen a blanco y negro y la imagen coloreada.

La fotografía en blanco y negro fue obtenida de https://www.facebook.com/eltlachisquesenosfue/photos/a.1636036943313604/1637318093185489

En el video se puede apreciar la misma calle (diferente ángulo).

Así era el Jardín de Tlachichila

El jardín de Tlachichila ha tenido muchos cambios a lo largo de la historia. Por ejemplo se plantan árboles y cuando están muy grandes o se secan, se cortan para poner otros nuevos. También han cambiado las gradas para subir al jardín entre otras cosas.

En la fotografía vemos una superficie sostenida por unas columnas en el lugar donde hoy se encuentra el kiosco. De hecho se pude ver que tiene la misma forma hexagonal que el kiosco actual. Para delimitar el jardín vemos que hay un alambrado.

También se pueden apreciar las piedras en los cimientos, los adobes en las paredes y los canales de madera en las fachadas de las construcciones.

La fotografía también nos muestra que para subir del jardín al templo se hacia por una rampa o una especie de callejoncito inclinado. La entrada hacia el templo no se ve que estuviera restringida. Con lo que respecta al templo, se ve muy similar a como se encuentra el día de hoy.

Con una combinación de herramientas de inteligencia artificial, programas de edición fotográfica y filtros le hemos dado color a la fotografía que inicialmente estaba en blanco y negro.

Fuente de la imagen en blanco y negro: https://www.facebook.com/eltlachisquesenosfue

Tormenta tropical Andrés

La tormenta tropical Andrés, con vientos de 64 km/h, se desplaza en el océano pacífico alejándose del territorio nacional. La presencia de Andrés está provocando nubosidad, lluvias y tormentas en algunas partes del país. Se espera que sus efectos continúen durante los próximos días.

Al reproducir la animación puedes ver la probabilidad de lluvia en el país en los próximos días.

Al reproducir la animación puedes ver la probabilidad de lluvia en los próximos días en la región.

Si haces clic en Tlachichila sobre el mapa que está aquí arriba, te mostrará las predicciones de la temperatura, la lluvia, el viento, las rachas de viento y la dirección del viento durante los próximos días.

El encuentro de la Virgen de Toyahua

El 18 de septiembre en la región de Tlachichila es uno de los días más esperados del año, ya que es el comienzo de las fiestas patronales. Ese día la gente se levanta temprano, hace sus quehaceres de la casa y emprende el camino a encontrar a la virgen de Toyahua. Ya sea por devoción, por alguna manda o por el simple hecho de disfrutar del paisaje, la carretera hacia Nochistlán se cubre de peregrinos.

Para llegar al encuentro es necesario recorrer 10 kilómetros (de acuerdo con mediciones realizadas a partir de Google Mapas) para ir de Tlachichila al Plan del Sauz, en donde se realiza una eucaristía. Recorrer esta distancia en vehículo lleva de entre 10 a 15 minutos, pero si lo haces caminando te llevara un poco más de dos horas. Lo anterior considerando que tu punto de partida es desde Tlachichila. Para las personas de alguna otra comunidad el tiempo del recorrido es diferente dependiendo su ubicación. Al igual, personas que llevan niños o personas de la tercera edad tardarán más tiempo en recorrer ésta distancia.

Al término de la eucaristía, la gente sale en peregrinación rumbo a Tlachichila. Algunos peregrinan a pie y otros lo hacen en vehículo. Al frente de la peregrinación va la virgen de Toyahua cargada por cuatro personas. Después van las personas de pie y al final los vehículos.

Durante muchos años después de peregrinar cuatro kilómetros y medio, la peregrinación llegaba a La Mesa de La Magdalena. En este lugar se realizaba otra celebración eucarística bajo la sombra de un espectacular árbol. Muchos de los peregrinos en lugar de hacer el encuentro en el Plan del Sauz, lo hacían en la Mesa. Con ello el recorrido se reducía casi a la mitad.

Al terminar la misa, la peregrinación salía con rumbo a Tlachichila. Durante el trayecto, medio carril de la carretera era ocupado por los peregrinos y el otro queda libre para el trafico vehicular. Para tener mayor seguridad de las personas que participan en la peregrinación se cuenta con la presencia de ambulancia y autoridades que van al pendiente para evitar accidentes.

Cuando la peregrinación está muy cerca de entrar al pueblo, se incorpora el grupo de danza y al ritmo de un tambor los integrantes, con vestimentas coloridas y un gran respeto danzan durante el trayecto restante. En éste punto también se incorpora la banda del pueblo, misma que guía a la peregrinación hasta el templo.

En el video podemos ver la llegada de la virgen. El video es propiedad del autor y está alojado en YouTube como público.

La mayoría de las veces la entrada de la peregrinación al pueblo es por la calle principal, pero en ocasiones la entrada ha sido por la calle Juárez.

La virgen de Toyahua permanece en el templo de San Agustín durante todo el novenario. El 29 de septiembre se despide a la virgen con una eucaristía y después de la misma las personas salen en peregrinación a despedir a la virgen de Toyahua, como se puede ver en el video. El video es propiedad del autor y está alojado en YouTube como público.

Fuentes bibliográficas:

G. Martínez, Origen de la hacienda de Tachichila (1696-1912), 2018.

El lujo de comer carne de puerco

En la ganadería de la región, las vacas son los animales con mayor abundancia seguidos por los puercos. A diferencia de las reses, los puercos son criados con un único propósito, el sacrificio. Ya sea en celebraciones importantes como bautizos, bodas o cumpleaños, las carnitas son una comida muy apetecible.

Imagen 1. Carne de puerco.

Una de las frases que creo que va a quedar grabada en mi mente, al menos por un tiempo, es sobre estos tiempos difíciles que estamos pasando a consecuencia de la pandemia. En palabras de mi abuelita, «la gente dice que estamos viviendo tiempos muy difíciles, pero siempre ha habido tiempos difíciles». Su comentario fue enfocado a la escasez y la pobreza por la que pasaron en la región, digamos hace unos cincuenta años.

En aquellos tiempos la gente tenía uno o dos puercos alimentados con maíz y desperdicios, pero rara vez se podían dar el lujo de comer carne de puerco, pues la mayoría de las veces los puercos eran vendidos para solventar una necesidad mayor o para pagar un doctor. Muy pocas veces tenían la oportunidad de matar un puerco y obtener manteca para cocinar. Recordemos que los puercos de antes no eran como los de hoy, pues eran puercos con una tendencia a la obesidad y producían más manteca que carne (puercos cuinos).

Sin duda la alimentación en aquellos tiempos era más saludable, si comer manteca era un lujo al que no todos tenían acceso, imagina con que frecuencia podían comer unas carnitas. La escasez a la que se refería mi abuelita no es solamente con referencia a la manteca y la carne, recordemos que el atole era sin azúcar, que para lavar la ropa utilizaban hierbas, que tenían que tejer el hilo para amarrar la pastura, que los niños usaban los toritos (plantas) como juguetes, que las niñas hacían las muñecas con olotes y pequeño pedazo de tela y que en muchas ocasiones el niño Dios no llegaba. Y a pesar de todas las adversidades las familias salieron adelante, muchas de ellas tuvieron que dejar su tierra o su gente para buscar mejores oportunidades.

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Jacales

Los jacales son construcciones típicas de zonas rurales de México. Su fabricación es realizada con materiales naturales. Sus paredes son de piedra o de adobe, sus pisos de tierra y sus techos de zacate. Por estar construidos con materiales naturales se deterioran fácilmente con la humedad, por lo que es necesario reemplazar algunos de esos materiales.

Figura 1. Jacal en Tlachichila. Imagen cortesía del Curato.

En la región de Tlachichila, los jacales coexistieron con los cuartos de adobe. El último jacal que vi fue en una de las comunidades aledañas al pueblo hace algunos años y desconozco si actualmente está en pie. En el año 2011, tuve la oportunidad de ver y fotografiar un jacal en ruinas. Esto nos permite ver como estaba construido.

Imagen 2. Jacal en ruinas. Fotografía: Colección personal.

En la imagen 2 podemos ver la estructura de un jacal. Consta de dos paredes rectangulares, en este caso, de piedra pegadas con lodo, con una altura de aproximadamente un metro y medio. En una de las paredes se requiere dejar un hueco para la puerta, que por lo general es de madera, como lo podemos ver la imagen 3. Se requieren también dos paredes más cortas, que, a partir de la altura de las paredes rectangulares, empieza a reducirse el largo de la pared formando una especie de triangulo.

Imagen 3. Puerta de un jacal. Fotografía: Colección personal.

En el caso del jacal de la fotografía de la imagen 2, solo una de las paredes más cortas se construyó en su totalidad de piedra pegada con lodo. La parte triangular de la otra pared tenía el mismo material del techo. Mas adelante veremos un jacal en el cual las dos paredes son construidas en su totalidad con el mismo material.

Imagen 4. Estructura de un jacal. Fotografía: Colección personal.

Una vez completadas las cuatro paredes, se colocaba una viga de madera apoyada en los puntos más altos de las paredes. Dicha viga es conocida como la madre. La función de esta viga es dar soporte al techo del jacal. Se ponen vigas mas cortas con puntos de apoyo en la madre y en las paredes rectangulares. Sobre estas vigas se colocan carrizos de forma perpendicular para detener el zacate.

Figura 5. Techo de zacate. Fotografía: Colección personal.

Finalmente, se coloca una gruesa capa de zacate sobre los carrizos, como lo podemos ver la imagen 5. De todos los materiales usados en la construcción del jacal, el zacate es el primero que se deteriorará con la humedad, por lo que es necesario estarlo cambiando cada dos o tres años para mantener el jacal en buen estado.

Imagen 6. Restos de un jacal. Fotografía: Colección personal.

En la imagen 6, tenemos los restos de un jacal cuyas paredes son de adobe con cimientos de piedra. Después de que el zacate se deterioró, pusieron láminas de cartón que no resistieron el paso de los años.

Imagen 7. Ruinas de una casa. Fotografía: Colección personal.

Como se mencionó al inicio de esta publicación, los jacales coexistieron con los cuartos de adobe. En la imagen 7 vemos un jacal acompañado de un cuarto de adobe.

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Un abrazo

Los sacerdotes del pueblo llegan a convertirse en personas muy queridas por su interacción con la gente. Y cómo no, si están presentes en los bautizos, las presentaciones al templo, las primeras comuniones, las confirmaciones, las bodas y las defunciones. Además están en las misas de los domingos y durante las festividades, ya sean las fiestas patronales o la navidad.

En la fotografía podemos un abrazo entre un feligrés y un sacerdote. A simple vista no ubico la calle, pero por el fondo pudiera ser la salida al río de abajo.

Fuente:https://www.facebook.com/eltlachisquesenosfue

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