Es normal que exista la necesidad de saber cómo la estarĆ” pasando un familiar ausente, o tener el apuro de avisarle alguna noticia. Comunicarse con los familiares ausentes, hoy en dĆa, es algo fĆ”cil y rĆ”pido.
Pero imaginemos esa necesidad setenta aƱos atrĆ”s (1950) y pensemos en cómo le hacĆan los habitantes de Tlachichila para comunicar lo que querĆan decirle a su familiar ausente. Al que tuvo que salirse del pueblo para mejorar su nivel de vida y radicar en otro estado, o bien al que se fue al norte (como se decĆa antes).
En aquellos aƱos no existĆan los celulares, los e-mails, los whatsapp, ni las llamadas de larga distancia. Nada de eso habĆa, Ćŗnicamente se contaba con la CARTA escrita con el puƱo y la letra de los familiares que querĆan estar comunicados.
Las buenas y las malas noticias viajaban en papel, eran palabras escritas con tinta o con lÔpiz. Noticias que se iban de un lado para el otro llevando la comunicación, los sentimientos, deseos y esperanzas, las penas y las emociones de las personas que vivieron aquà en Tlachichila en aquellos tiempos.
El servicio postal lo ofrecĆa Don Rodolfo Esparza, en su tienda La Moderna. AllĆ acudĆa la gente para mandar y recibir sus cartas, tambiĆ©n para comprar la hoja del papel, el sobre de carta y los timbres postales.
El correo llegaba una o dos veces por semana en el camioncito que venĆa de Teocaltiche. El chofer entregaba personalmente la valija, o saco de lona color cafĆ© muy bien cerrado, con una correa especial y un sello de seguridad, que contenĆa la correspondencia. La valija era tratada como paqueterĆa oficial y sólo el personal autorizado podĆa manejarla. Quienes debĆan firmar por la valija recibida y por la otra que entregaban. AsĆ, unas cartas llegaban y otras se iban.
En su ancho mostrador de madera, Don Rodolfo vaciaba la valija que llegó, les estampaba el sello de recibido a cada sobre y luego los ponĆa en un casillero. Las cartas quedaban ordenadas segĆŗn por el apellido de los destinatarios.
DespuĆ©s, en una hoja de papel anotaba a todas las personas que les llegaba su carta. De esta manera hacia la Lista del Correo donde aparecĆan escritos el nombre y el apellido de quienes tenĆan carta en esa fecha.
La Lista del Correo era el medio que unĆa a los habitantes de Tlachichila con el resto del paĆs y USA.
Don Rodolfo mandaba fijar la Lista del Correo en la fachada de su tienda, al lado de una puerta, para que todo el pueblo pudiera revisarla. Era la novedad del dĆa y las personas se agrupaban para checar los nombres ahĆ exhibidos. HabĆa quienes lo hacĆan para encontrarse a sĆ mismos, otros para informar a la persona enlistada, y otros mĆ”s por simple curiosidad, o para divulgar un chisme de pueblo.
Las personas del pueblo y de las rancherĆas cercanas iban a la tienda, o mandaban a alguien, para revisar la Lista del Correo. Si tenĆan carta debĆan entrar hasta el mostrador para recogerla. Ya que sólo se le entregaba al ādueƱoā. Don Rodolfo conocĆa a todo mundo, aunque vivieran en alguna rancherĆa. La entrega tenĆa que ser personalmente porque a veces el sobre traĆa dinero.
Los sobres tenĆan los datos del Remitente y del Destinatario. AĆŗn no existĆan direcciones ni nĆŗmeros en las casas, por eso todos decĆan ādomicilio conocidoā.
Esa Lista del Correo era muy importante: calmaba la espera y daba tranquilidad a la gente. Era motivo de alegrĆa personal por la emoción de sentir que una carta los acercaba con el familiar ausente. O en ocasiones ayudaba a mitigar la inquietud por saber de una noticia especial. TambiĆ©n era el alivio para alguna necesidad económica, porque ahĆ en La Moderna les entregaban una carta āregistradaā con dinero, y si traĆa dólares ahĆ mismo los cambiaban.
En aquellos tiempos habĆa pocos habitantes que supieran leer y escribir. Y eran mĆ”s los que no sabĆan escribir, ellos acudĆan con las personas que sĆ podĆan escribir para solicitarles su ayuda a la hora de hacer una carta. AsĆ, unos decĆan las palabras que necesitaban comunicar y otros las escribĆan para mandar aquel decir. Y cuando recibĆan carta volvĆan con esa gente para que les leyeran las palabras que su familiar les contestó.
Una de las personas que ayudaba con esa actividad fue Don AndrĆ©s GarcĆa, quien vivĆa al otro lado del arroyo colorado, por la salida del pueblo que va rumbo a NochistlĆ”n. Su casa estaba junto al camino real por el lado de la Hacienda donde ahora estĆ” la secundaria. Gentes del pueblo acudĆan con Ć©l para que les escribiera cartas y para que se las leyera. TambiĆ©n, algunas personas acostumbraban reunirse en esa casa para oĆr la lectura de pasajes de la biblia. A Don AndrĆ©s, la iglesia le permitĆa tener Ć©se libro especial. TambiĆ©n tenĆa otros libros y hojas de periódicos para leĆ©rselos a la gente.
MĆ”s o menos, como en 1935 los niƱos de Tlachichila empezaron a tener la oportunidad de aprender a leer y escribir oficialmente en la escuela rural del pueblo. Ya antes, durante los aƱos 1930-1935 las maestras Mercedes Angulo y Maclovia Herrera habĆan hecho labor alfabetizadora con pocos niƱos y adultos en los salones de la parroquia.
La construcción de la primera escuela primaria se inició en 1933. Y formalmente, quienes iniciaron la acción educativa fueron los profesores Marcos Tachiquin y Leandro Legaspi.
En la escuela, a Los estudiantes de quinto aƱo se les enseƱaba el ācómo escribir una cartaā, y cómo anotar los datos correctos del Remitente y el Destinatario.
En 1979 se instaló la primera lĆnea de telĆ©fono. DespuĆ©s llegaron las llamadas de larga distancia con el servicio de mensajerĆa. Y la Lista del Correo seguĆa dando servicio.
En las fiestas del pueblo, en septiembre de 1986, se vio funcionando el primer telĆ©fono celular, traĆdo por un familiar llegado de California.
En 1990 los telĆ©fonos celulares ya eran mĆ”s comunes en Zacatecas. Y la Lista del Correo seguĆa dando servicio.
Un estudio poblacional realizado en el aƱo de 1991, seƱala que habitaban en Tlachichila 2000 personas, y que de ellas habĆa 150 mayores de 15 aƱos sin saber leer y escribir. Y la Lista del Correo seguĆa dando servicio.
Por lo tanto, hace treinta aƱos, en Tlachichila aĆŗn habĆa personas que necesitaban ayuda para escribir una carta. No sabemos cuĆ”ntas personas en esa misma condición habrĆa en las comunidades cercanas. Pero la Lista del Correo seguĆa dando servicio.
El servicio postal en la tienda La Moderna se suspendió y comenzamos a ver que otra buena costumbre de Tlachichila, tambiĆ©n se tiraba al olvido. La gente dejó de usar la Lista del Correo. Se terminó el fascinante hilo de letras que los unĆa con sus familiares ausentes.
Al dĆa de hoy, el servicio postal que daba Don Rodolfo Esparza se ofrece en una oficina cerca de la Delegación. Y la Lista del Correo dejo de aparecer.
Ahora, los habitantes de Tlachichila prefieren los medios de comunicación modernos para decir sus cosas, los usan cuando necesitan hablar y comentar con sus familiares ausentes. Y la tradicional Carta se usa cada vez menos.
Autor: Gabriel Vargas.
Junio del 2021.
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